Jigoro Kano (1860-1938) es el fundador del judo. Este japonés de complexión pequeña estudió dos escuelas de jujutsu y en 1882 abrió en Tokio el Kodokan, donde codificó un método de educación física y moral que acabó convertido en deporte olímpico. Su vida se resume en tres oficios: practicante, educador y diplomático del deporte.
De Mikage a la universidad de Tokio
Kano nace el 28 de octubre de 1860 en Mikage, cerca de Kobe, en una familia vinculada al comercio del sake. Japón sale entonces de su aislamiento y se moderniza a toda velocidad. El joven Kano sigue a su padre a Tokio, aprende inglés y entra en la Universidad Imperial, donde se gradúa en 1881.
Sus biógrafos insisten en un detalle que cualquier entrenador entiende. Era bajo y ligero, y los demás lo empujaban y lo intimidaban. En parte por eso busca un maestro de jujutsu, en una época en la que las escuelas de los samuráis pierden alumnos y prestigio.
Dos escuelas de jujutsu como materia prima
Kano se entrena primero en el Tenjin Shin'yō-ryū, con Fukuda Hachinosuke y después con Iso Masatomo. Esta escuela le aporta los atemi (golpes), las luxaciones y un trabajo de agarre muy físico. A la muerte de Iso en 1881, entra en el Kitō-ryū de Iikubo Tsunetoshi, una escuela conocida por sus proyecciones y sus caídas.
Allí hace el descubrimiento que lo cambia todo. Intentando derribar a Iikubo, comprende que primero hay que romper el equilibrio del rival y solo después colocar la técnica. El principio de kuzushi, tsukuri y kake nace en esa época: desequilibrar, colocarse, ejecutar. Cada vez que trabajas un o-soto-gari llevando a uke sobre sus talones, aplicas lo que Kano formuló hace más de un siglo.
1882: el Kodokan y la selección de técnicas
En 1882, con 21 años, Kano abre una pequeña sala de doce tatamis en las dependencias de un templo budista de Tokio, el Eishō-ji. La llama Kodokan, «el lugar donde se estudia el camino». La historia del instituto se cuenta en detalle en nuestro artículo sobre el Kodokan.
Su gesto fundador no consiste en inventar técnicas. Consiste en seleccionarlas. Las luxaciones sobre articulaciones pequeñas, los golpes al rival caído y las proyecciones que lo lanzan de cabeza desaparecen de la práctica libre o quedan reservadas a los kata. Lo que queda puede repetirse a plena velocidad sin lesionar al compañero. El randori se convierte en el centro del entrenamiento, y la clasificación de las proyecciones dará lugar más tarde al gokyo.
Para entender cómo esta criba transformó el jujutsu, lee nuestra historia del judo. Sin ese filtro no existirían ni la competición ni el judo infantil.
Educador antes que campeón
A menudo se olvida que Kano pasó la mayor parte de su carrera en la enseñanza. Fue profesor en el Gakushūin, la escuela de la nobleza. Después dirigió durante más de veinte años la Escuela Normal Superior de Tokio, el centro que formaba a los profesores del país. Allí impulsó la educación física y acogió a estudiantes extranjeros, muchos de ellos chinos.
Esa trayectoria explica el tono de sus escritos. Para él, el judo era un método pedagógico antes que un deporte de combate. El randori enseña a decidir bajo presión; el kata transmite principios; el shiai (la competición) comprueba el trabajo. La competición era solo uno de los tres pilares, y a sus ojos no el más importante.
El primer asiático en el COI
En 1909, con el apoyo de Pierre de Coubertin, Kano se convierte en el primer miembro asiático del Comité Olímpico Internacional. Forma parte de él hasta su muerte. Encabeza la primera delegación japonesa en los Juegos de Estocolmo de 1912 y en los años treinta lucha por llevar los Juegos a Tokio.
Muere el 4 de mayo de 1938 a bordo del Hikawa Maru, de regreso de una sesión del COI en El Cairo. Los Juegos de Tokio previstos para 1940 nunca se celebraron por culpa de la guerra. El judo entró en el programa olímpico mucho más tarde, en 1964, y precisamente en Tokio. Nuestro artículo sobre el judo en los Juegos Olímpicos cuenta lo que vino después.
Dos máximas que resumen su pensamiento
A principios de los años veinte, Kano formula dos principios que hoy siguen colgados en las paredes de muchos dojos.
| Máxima | Traducción habitual | En el tatami |
|---|---|---|
| Seiryoku zenyo | Máxima eficacia, mejor uso de la energía | Proyectar con el desequilibrio y no con los brazos |
| Jita kyoei | Ayuda y prosperidad mutuas | Un buen uke hace progresar a tori, y al revés |
La primera es técnica y la segunda es social. Las dos van juntas: en judo nadie progresa solo, porque hace falta un compañero que acepte caer. Las explicamos con calma en el artículo sobre el significado del judo como camino suave.
Lo que queda de Kano en una clase cualquiera
El saludo al empezar, el cinturón que cambia de color, el kata en el examen de grado, las caídas aprendidas antes de la primera proyección: todo procede de él o de sus sucesores directos. Incluso el código moral del judo que cuelga en la pared de muchos clubes, redactado en Francia mucho después de su muerte, se apoya en su enseñanza.
Nuestro consejo: vuelve a leer a Kano cuando atravieses una mala racha en competición. Te recuerda que entrenas ante todo para ser una persona más sólida, y que el resultado de un combate es solo una medida entre otras. Para empezar, elige una sola máxima, seiryoku zenyo, y aplícala durante un mes. En cada randori, busca la proyección que menos esfuerzo te cueste.